¡Hola, amigos viajeros! Soy Jakobe, y hoy, con una mezcla de emoción y solemnidad, quiero guiarlos a través de una de las experiencias más intensas y arraigadas de la cultura española: el encierro de San Fermín. Como muchos de ustedes, al principio me fascinaba desde lejos, con una mezcla de adrenalina y respeto por la tradición. Pero con el tiempo, he llegado a comprender que es mucho más que una simple carrera; es un rito, una manifestación de valor, respeto y un profundo arraigo a la historia de Pamplona. Correr delante de los toros no es un simple capricho, sino un privilegio y una responsabilidad que exige la máxima preparación y la consciencia de que, en cada paso, la vida está en juego. Esta guía, que he construido con la experiencia de años observando y aprendiendo, está pensada para que, si deciden ser partícipes de esta tradición milenaria, lo hagan con la cabeza fría, con el corazón preparado y con el respeto que los toros y los demás corredores merecen. Se trata de un evento que puede durar apenas unos minutos, pero que dejará una marca imborrable en la memoria y en el alma, y es fundamental que esos recuerdos sean de valentía y honor, no de imprudencia.

Irte de fiesta la noche de antes hasta las tantas y llegar borracho, es una de esas imprudencias.
El encierro
El encierro, en su esencia, es la forma tradicional de trasladar a los toros desde los corrales donde han pasado la noche hasta la plaza de toros, donde serán lidiados por la tarde. Esta costumbre se remonta al siglo XIII, cuando los pastores llevaban a los toros a la plaza ayudados por perros y los arrieros. Con el tiempo, los habitantes de Pamplona, jóvenes y valientes, se atrevieron a correr delante de ellos, y lo que era una necesidad logística se convirtió en un festival de valor y de adrenalina. Hoy, el encierro es el acto central de las fiestas de San Fermín, que se celebran del 6 al 14 de julio. El espíritu de los Sanfermines es único. Es una fiesta de calle, de hermandad, de música y de alegría, pero al amanecer, a las ocho en punto, el ambiente cambia. La alegría festiva da paso a una tensión contenida, un silencio cargado de expectativas y el respeto por los animales y por la tradición que ha sobrevivido a lo largo de los siglos.
La preparación para el encierro es, sin exagerar, la parte más importante. La primera y más crucial regla es que nunca se debe correr si se ha bebido alcohol. No es una fiesta en ese momento; es una prueba de reflejos, agilidad y conciencia. La buena forma física es fundamental, no para correr rápido, sino para tener la capacidad de acelerar, de frenar y de esquivar con agilidad. Los días previos, es vital familiarizarse con el recorrido, entender cada tramo, cada curva, cada posible punto de peligro. El recorrido de 875 metros es corto, pero cada centímetro cuenta y tiene sus propias trampas. Es fundamental que sepan que el encierro no es una maratón, sino una carrera de estrategia.

Mola salir en la tele, aunque solo sea unos segundos… ¡a ver si me encontráis!
El recorrido comienza en los corrales de Santo Domingo, donde los toros pasan la noche. El primer tramo es una subida de 280 metros, donde los toros, recién salidos, son frescos y veloces. Es un tramo peligroso por la velocidad de los animales y por las aglomeraciones. Al llegar a la Plaza del Ayuntamiento, la calle se ensancha, lo que puede dar una falsa sensación de seguridad. Aquí es donde los corredores deben encontrar su ritmo y prepararse para el siguiente punto crítico: la curva de la calle Mercaderes. Esta es la esquina más famosa y peligrosa del encierro, donde los toros suelen resbalar y chocar contra la pared, separándose de la manada y generando el caos. Se debe correr por el lado exterior de la curva, nunca por el interior, para evitar los montones de gente y los posibles choques.

6 segundos después de la anterior imagen… por ahí sigo ¿Me veis?
Al pasar Mercaderes, comienza la Calle Estafeta, un tramo largo y recto, de 300 metros, que es el corazón del encierro y el lugar ideal para correr delante de los toros. Aquí, la manada se estira, y los corredores pueden intentar «coger toro» y correr a su lado. El último tramo es el de Telefónica, un estrechamiento de la calle que desemboca en el callejón de acceso a la plaza de toros. Aquí es donde se suelen formar los «montones» de gente, una de las situaciones más peligrosas del encierro. Al llegar a la plaza, los toros entran en el ruedo, y los corredores deben buscar los refugios de la barrera o seguir hasta el centro de la plaza.
Las normas
Las reglas del encierro son estrictas y se deben seguir al pie de la letra. Solo pueden participar mayores de 18 años. No se permite correr con mochilas, cámaras, teléfonos móviles o cualquier objeto que pueda estorbar. Es imprescindible llevar zapatillas cómodas y adecuadas para correr. A las 7:55 de la mañana, todos los corredores se arrodillan en Santo Domingo para el Canto a San Fermín, una oración para pedir protección al santo. A las 8:00 en punto, se lanza el primer cohete, que avisa de la apertura de los corrales, y un segundo cohete avisa de que todos los toros han salido. Es a partir de ese momento cuando la carrera comienza. Los corredores no deben tocar a los toros, intentar llamar su atención o correr en dirección contraria a la manada. Una vez que los toros han pasado, hay que despejar la calle inmediatamente. La policía municipal está en la ruta para hacer cumplir estas reglas y garantizar la seguridad.
La técnica de carrera es una mezcla de instinto y conocimiento. No se trata de correr desde el principio hasta el final. La mayoría de los corredores eligen un tramo, esperan a que la manada se acerque y corren por un corto periodo de tiempo, lo que llaman «correr delante de los toros». El objetivo es estar lo más cerca posible de las astas, pero sin tocarlas, y luego, con elegancia, salir de la ruta para que otros corredores puedan tomar tu lugar. Si por desgracia caen, la regla de oro es quedarse en el suelo, hacerse una bola, cubrirse la cabeza y el cuello con los brazos y no moverse. Levantarse es lo peor que se puede hacer, ya que se corre el riesgo de ser pisado o corneado por el toro que va detrás. Al salir de la ruta, hay que hacerlo con rapidez y buscar refugio en los portales o detrás de las barreras de madera que bordean el recorrido.

Si no te la quieres jugar, siempre te puedes hacer foto con estos de mentiras.
El momento antes de correr
El ambiente del encierro es indescriptible. Hay una tensión palpable en el aire, un silencio sepulcral después del canto a San Fermín que se rompe con el estruendo de los cohetes y el griterío de la gente. El sonido de los cascos de los toros, que es como un trueno a medida que se acercan, es algo que se siente en el pecho. La carrera dura entre 2 y 4 minutos, pero para quienes corren, el tiempo parece detenerse y la mente se enfoca en un solo punto: la supervivencia y la adrenalina. Después del encierro, el alivio y la emoción invaden la ciudad, y los corredores se reúnen para comentar la carrera.
Para aquellos que deseen vivir la emoción del encierro sin los riesgos, hay formas de hacerlo. La más popular es verlo desde los balcones de las casas y hoteles que dan a la calle Estafeta, o desde las vallas de seguridad que protegen el recorrido. Ver a los toros pasar desde la barrera es una experiencia increíble, donde se puede sentir la velocidad y la fuerza de los animales de cerca. También se puede ver desde el interior de la plaza de toros, donde se puede apreciar la llegada de los toros y la entrada de los corredores, y luego disfrutar de un espectáculo de vaquillas, un evento menos peligroso.
Después de la carrera
Hay que reponer las fuerzas con el típico almuerzo pamplonés.

En conclusión, el encierro de San Fermín es una experiencia cultural y personal de gran calibre. Es un evento que exige respeto, valentía y una preparación meticulosa. Es un recordatorio de que la vida es frágil y de que la adrenalina debe ir de la mano de la prudencia. Si deciden correr, háganlo con la cabeza y no con el corazón, respetando las reglas, a los toros y a los demás corredores. Es un honor ser parte de esta tradición, y es un privilegio que debe ser tratado con la máxima seriedad. La emoción del encierro es real, el peligro también lo es, y esta guía está aquí para ayudarles a enfrentarlo con la seguridad y el conocimiento que se merece.

